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Celulares y contaminación

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En los últimos años venimos presenciando el ascenso de otro artefacto tecnológico “necesario e indispensable”: el celular. En la actualidad, la telefonía celular cuenta con 22 millones de usuarios 1 sobre 36 millones de seres en la Argentina. Si a la población total le desagregamos las personas incapaces de tener una línea de teléfono (por muy niños, por muy viejos u otros) nos queda casi un celular per cápita a través de toda la sociedad. Este “boom” llegó para quedarse o al menos dejar secuelas.

Mas allá de las enormes ganancias de empresas como Movistar o del efecto estupidizante en la población (basta con mirar esas nucas que andan en el colectivo con el aparatito entre las manos o la manía por los mensajitos), en esta oportunidad nos centraremos en el efecto perjudicial que provocan, sobre la salud de las personas, las microondas que emanan de los teléfonos celulares.

Contaminación electromagnética

Presentamos a continuación de pasajes de una formidable presentación de Carlos Requejo,2 hecha hace ya tiempo -es del 2001- para España.
Carlos Requejo nos dice: “La telefonía móvil es un sistema de radiotelefonía sin hilos, siendo el teléfono móvil un pequeño emisor-receptor abierto (no existe protección) y omnidireccional, que emite en alta frecuencia -la banda de microondas comprendida entre 900-1800 MHz - con 2 W de potencia máxima, límite legal de potencia para no recalentar los tejidos del cerebro. La radiación más peligrosa proviene de la antena del móvil, situada muy cerca de la cabeza y se atenúa al alejar el aparato del oído. La potencia de emisión aumenta, automáticamente, según los obstáculos materiales (paredes, vehículos, etc.) encontrados entre el móvil y la antena repetidora. (…) La radiación de un teléfono móvil supera 3 millones de veces la radiación natural (la de la luz solar), y durante su uso la antena emisora-receptora se sitúa literalmente pegada al cerebro. La emisión de microondas, muy cerca de nuestro cráneo, acelera nuestras ondas cerebrales al límite del estrés, y puede tener muchos otros efectos biológicos”.

Requejo recoge los resultados de una investigación en Nueva Zelanda: el biofísico neozelandés Neil Sherry, llevó a cabo una investigación a petición del Parlamento Europeo en Junio de 2000. Sus resultados son concluyentes: "la radiación electromagnética de bajo nivel [como la de los celulares] es perjudicial para el cerebro, corazón, feto, hormonas y células [...] a través de resonancias con los cuerpos y las células, la radiación interfiere en la comunicación inter-células, su crecimiento y regulación, y está dañando la base genética de la vida".

Al respecto, Requejo agrega: “Por otra parte los efectos sobre la salud pública no se limitan al cáncer como riesgo potencial, sino que a corto plazo hay toda una serie de efectos neurofisiológicos que empiezan con el insomnio, estrés, ruidos y zumbidos de oídos, pérdidas de memoria y reflejos, mente en blanco, dolor de cabeza persistente, eritemas en las zonas de piel expuestas directamente a las radiaciones, y que pueden acabar en Parkinson y Alzheimer. Una llamada de 15 minutos causa alteraciones de las ondas cerebrales que pueden durar hasta 24 horas”. Estos efectos nocivos sobre la salud no alcanzan a todos de la misma forma, existe una “población de alto riesgo” formada por bebés, fetos y niños que presentan un riesgo estadístico mucho mayor porque, explica Requejo, “el espesor del cráneo es mas fino y hasta los 25 años no termina el desarrollo del cerebro”.
Esto último desnuda la perversión que hay detrás de la difusión de celulares en los jóvenes, ya sea con el argumento de la inseguridad o con las publicidades “cool” de la telefonía celular.

La espinosa cuestión de los límites

Algunos gobiernos, sobre la base del principio de precaución, han aplicado medidas preventivas. Tal es el caso de Suiza que, según nos explica Requejo, aplica desde el 2000 “una normativa de electromagnetismo más restrictiva, que reduce por 100 los valores aceptados por el ICNIRP (Comisión Internacional de la Protección contra la Radiación No Ionizada)” ¡Lo que estaba autorizado en 100, se reautoriza a 1!
Como suele pasar con problemas donde no hay acuerdo, y sobre todo donde no hay conocimiento acabado de los peligros de, por ejemplo, una fuente contaminante, las autoridades investidas para resolver, como si supieran lo que en realidad no saben, han decidido límites legales, fronteras al riesgo que son de chicle:

Por eso es interesante el rastreo que Requejo hace sobre la reglamentación de la distancia de antenas (emisoras de microondas) respecto de las viviendas: “distancia mínima de seguridad –sin presencia humana– alrededor de las antenas de 58 metros de altura”:

Toronto, Canadá 200 m
Namur, Bélgica 300 m
Australia 500 m
España 5 m.

(Estas cifras pertenecen al año 2000 y había un proyecto para extender en Cataluña la distancia... a 10 m.)

Como hasta el momento nadie puede cuantificar los riesgos o daños a mediano o largo plazo, algunos reclamos sindicales, por ejemplo, en Inglaterra, han propuesto “que ningún afiliado pueda ser obligado por la empresa a llevar encima o utilizar un teléfono móvil durante la jornada laboral.”
A modo de conclusión, advertimos que las ansias de control y de consumo que hay en nuestras sociedades nos llevan a adoptar la tecnología de los celulares de forma masiva y totalmente acrítica, desconociendo sus peligros. Si reparamos en el uso indiscriminado y generalizado de los celulares en nuestra población, ya no sólo en las capas medias sino en prácticamente todos los estratos sociales, todas las profesiones y todas las edades, vemos que tales recaudos brillan por su ausencia. No estamos ante un problema menor:
“El celular se ha instalado en la sociedad de consumo y cada teléfono tiene una vida útil de un año y medio. En el mundo más de 500 millones entran en desuso cada año, generando unas 250 mil toneladas de residuos peligrosos y sustancias químicas que se acumulan en el medioambiente”, nos informa Pérez Guerra. 3

La pregunta es si vamos a seguir adelante como el rebaño que sigue a la oveja madrina, así lo lleven al matadero. Tal vez algún diálogo ovejuno gire en “¡Cómo nos va a llevar al matadero si es la que sabe!"

Fermín García Coni y Luis E. Sabini Fernández

notas:
1) Suplemento Cash de página 12, 12/5/2006.
2) “La radiación digitalizada de un teléfono móvil puede afectar a la inteligencia y al aprendizaje.”
3) www.ecoportal.net/content/view/full/56348

artículo publicado en revista futuros n°9,
otoño-invierno 2006.

 
Comentarios (1)
1 Sábado, 07 de Agosto de 2010 17:26
miguel guerra
tengo una torre-antena a EXACTAMENTE 20 Metros de mi casa, no es exageracion 20 metros. si hay alguien que nos pueda ayudar dandonos mayor informacion sobre sus efectos colaterales. Hay alguna asociacion, club, o algo-alguien que se preocupe sobre la salud, en mi pais los entes gubernamentales nos dieron las espaldas ( ? ) Gracias por sus ayudas, de todo corazo'n, GRACIAS

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