Revista Futuros

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Barquito de papel…

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Los cordones de la vereda ya no tienen sentido. Al menos para los de mi generación que los usaban… disculpe, que los usábamos, porque yo también los usaba, para hacer navegar barquitos de papel… ¿Se acuerda? Hace rato, años le diría, que no veo un barquito de papel, navegando, ni siquiera hundido.

Desaparecido el barquito de papel el cordón de la vereda ya no tiene sentido. Desaparecido el barquito de papel desaparece el universo que recreábamos con cada nave que flotábamos en su lecho. No le exagero si le digo que, por aquellos años, hice navegar uno por casi cien metros sin que se detenga un instante. Todo un récord para los tan escasos recursos con los que contábamos por aquel entonces. La desaparición de estos buques hundió en el océano del olvido las ilusiones que nos hacíamos respecto de cada uno de esos colosos…porque claro, el tema no se limitaba a verlos navegar. No se reducía sólo a mirarlos. Si nuestros barquitos de papel atravesaban océanos, nuestra imaginación vendría a ser como una especie de 4x4 de nuestra ilusión. Lo lleva, sin pérdidas de tiempo, a donde usted le pida. Nuestra imaginación se adecuaba, sin impedimentos, a cualquier terreno. Nada la detenía. Frondosa. Creativa. Una imaginación inimaginable…No voy a decir que la imaginación se ha perdido, no me quiero convertir en un viejo cascarrabias, pero al menos la mía, aquella que me inspiró a ser un pirata, sí. Porque, y lo confieso sin vergüenza, en mis barcos de papel yo no imaginaba ser un sencillo capitán de elegante traje blanco, yo era un pirata. Un pirata, pirata. No sé si tan malo como Morgan, pero quería ser pirata…Tampoco me gustaba la pata de palo y el ojo tapado y mucho menos el gancho en el brazo. Sí, por ejemplo, el lorito en el hombro…Un pirata bueno, que robaba a otros barcos, pero no mataba a nadie ni tomaba prisioneros. Que se enamoraba de una hermosa dama en cada puerto en que paraba. Un pirata que era buscado en todos los océanos, pero que nunca lo encontraban. Un pirata temido pero que no asustaba a nadie. Un pirata extraño, no se lo voy a negar, pero era el pirata que yo quería ser…El que yo me imaginaba en mi barquito de papel y no tuve tiempo de ser.

Ricardo A. Kleine Samson

Neuquén, 12 de abril de 2004

artículo publicado en Revista futuros nº7 / Río de la Plata primavera- verano 2004-2005

 

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