Publicamos este reportaje que consideramos refleja los puntos de vista de israelíes muy críticos de la conducción polìtica, aunque no coincidimos con todas sus opiniones. Los editores. Entrevista de Znet a Tanya Reinhart, autora de un libro con el título ut supra.
¿Puede decirnos de qué trata su nuevo libro, La Hoja de Ruta a ninguna parte? ¿Qué está tratando de comunicar?
Este libro ofrece una historia detallada de la ocupación israelí de Palestina desde 2003, fecha hasta la que llegó mi libro anterior (Israel/Palestina. Cómo terminar la guerra de 1948).
En el clima político estadounidense y el europeo actual, cualquiera que exprese una postura crítica sobre la política israelí es inmediatamente impugnado como antisemita. Parte de lo que justifica el éxito del lobby pro-israelí es la inmensa ignorancia sobre lo que realmente sucede en Israel–Palestina. Sin estos hechos, el discurso dominante sostiene que Israel está luchando por su mismísima existencia. La atención se fija principalmente en el horrible, inefable terror palestino; por eso, las críticas a Israel a menudo se las acusa de justificar el terror. El objetivo de este libro es proveer los hechos, así como su seguimiento –en forma abierta– en los medios israelíes.
Durante el período abarcado por el libro, Israel hizo todo lo posible para truncar cualquier posibilidad de acuerdo con los palestinos. Como ya es costumbre en la historia reciente de la ocupación, esta etapa se inicia con una nueva iniciativa de paz, la “hoja de ruta”. Los palestinos aceptaron este plan y declararon el cese al fuego pero mientras Occidente festejaba la nueva era de paz, el ejército israelí, bajo el gobierno de Sharon, intensificó su política de asesinatos, mantuvo su acoso diario sobre los palestinos ocupados y, por último, declaró guerra total contra Hamas, matando los primeros cuadros militares y sus líderes políticos. Después, mientras una vez más Occidente esperaba ansioso esos dieciocho meses de dilatadas postergaciones de la retirada de Gaza, Sharon hizo su mejor esfuerzo por defraudar al nuevo presidente palestino electo, Mahmud Abbas, y rechazó todas sus ofertas de reanudar las negociaciones. Posteriormente, cuando esta política causó el colapso del gobierno de Abbas y la victoria de Hamas en las elecciones, Israel declaró la guerra contra el liderazgo palestino y la sociedad entera.
En Israel/Palestina, he descripto el período 2000–2002 como el más oscuro en la historia de la ocupación israelí sobre territorios palestinos. Pero el período que le sucede, bajo el gobierno de Sharon, resultó peor. Sharon inició una limpieza étnica total en el área de la Margen Occidental que limita con Israel. Su proyecto del muro roba las tierras de los pueblos palestinos en la región, encierra ciudades enteras, y deja a sus habitantes sin ningún medio de subsistencia. De continuar este proyecto, muchos de los 400.000 palestinos afectados tendrán que migrar para tratar de sobrevivir en las afueras de ciudades de la Margen Occidental, como ya sucedió en la ciudad del norte, Qalqilya. Las colonias israelíes fueran evacuadas de la Franja de Gaza, sin embargo, el lugar permanece como una prisión a cielo abierto, completamente aislado del mundo exterior, cercado por hambrunas y acechado por tierra, mar y aire por el ejército israelí.
Durante esta etapa, el sistema político en Israel sufrió una gradual desintegración (un reporte de Banco Mundial de abril de 2005 encuentra a Israel entre los más corruptos e ineficientes del mundo occidental). Se ha vuelto más evidente que los militares rigen la vida política israelí, a menudo tomando medidas tanto políticas como militares. Al mismo tiempo, lo que Israel demostró a la perfección es que la guerra puede siempre ser usada en nombre de la infatigable búsqueda de paz.
Para reconstruir la historia de este período me baso en los medios israelíes, ya que en ellos se encuentra mucha más información acerca de lo que está pasando y de lo que se planea, que en las coberturas realizadas desde el extranjero. Hay quienes creen que esto último se debe a que la prensa israelí es mucho más liberal y crítica que la del extranjero. Sin embargo, ésta no es la razón. Con la notable excepción de algunos periodistas con coraje y conciencia como Amira Hass, Gideon Levi y otros pocos; la prensa israelí es tan obediente como todas las demás y trasmite fielmente los mensajes de los militares y el gobierno. Pero la causa de esta revelación es la falta total de escrúpulos: cosas que resultarían escandalosas si se oyeran en el resto del mundo occidental, pero que en Israel se toma naturalmente, ya que forma parte de la rutina.
Con respecto a la historia, trato de usar lo más posible la cita directa de las fuentes periodísticas, porque muchas veces la forma como se transmite la información no es menos cruenta que el hecho mismo. A su vez, trato de incorporar las opiniones críticas en Israel y de la prensa alternativa internacional. Pero para conocer la escena completa sobre la realidad cotidiana de la ocupación, se necesita recurrir también a la prensa palestina en Internet.
¿Cuáles son sus expectativas con Hoja de Ruta a ninguna parte?
Estos tiempos son difíciles, cuando parece que la política israelí se impone sin barreras de la justicia ni de las leyes internacionales en su camino de destrucción.
Hace dos años, el 9 de julio de 2004, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) encontró que el muro que Israel construye resulta una muy grande y seria violación de la ley internacional. La reacción israelí fue de preocupación. El funcionario Menachem Mazuz presentó al gobierno un reporte que decía: “Esta decisión genera una situación donde Israel puede ser acusado en foros internacionales y ello puede resultar en sanciones.” (Ha´aretz, 19 de agosto de 2004). Israel se apuró a aclarar que el muro constituiría una barrera temporal de seguridad, que no causaría ningún efecto. Pero en el clima político actual Israel declara su intención de que el muro sea su límite político y ningún gobierno europeo se mosquea.
Hace apenas un año Occidente festejaba la coronación de la democracia en el cercano Oriente. Tras la despedida de Arafat, los palestinos se comprometían con una verdadera campaña electoral. Hamas manifestó su intención de sumarse al proceso electoral, cambiar la lucha armada por la arena política. Esto podría haber sido visto como un avance frente a años de baños de sangre. En efecto, EE.UU. insistió en que la elección tuviera lugar, pese a las objeciones de Israel. Pero ¡ay! los palestinos eligieron al partido equivocado. A Occidente le parece muy natural que el pueblo palestino deba sufrir un castigo colectivo por su errónea interpretación de la democracia. EE.UU. determina, con el aval de Europa, que debe ser cortada toda ayuda a los palestinos, dejándolos en la pobreza absoluta junto con el colapso de su infraestructura y su sistema de salud.
Por otra parte, constituye una parte central del libro el hecho de que estos últimos años no fueron sólo victorias de la expansión israelí. La oposición a la política israelí en el mundo ha crecido sustancialmente. Por ejemplo, a pesar del aparentemente exitoso lobby israelí en silenciar las críticas, en una importante encuesta en Europa la mayoría consideró a Israel como el país que más amenaza la paz mundial.
Este cambio demuestra los límites de la propaganda –parece ser posible fabricar silencio o consenso pero es imposible fabricar conciencia–. Conceptos básicos como justicia, derecho internacional, solidaridad con los oprimidos han desaparecido del discurso político oficial pero permanecen en la población.
También se demuestra que la lucha con perseverancia puede tener resultados positivos y puede cambiar a los gobiernos. Esta lucha comienza con el pueblo palestino, que ha soportado años de brutal opresión. Son ellos quienes, a través de su espíritu de zumud –permaneciendo en su tierra– y sobreviviendo diariamente, han logrado mantener viva la causa palestina mediante la organización y la resistencia, algo que no todo pueblo oprimido pudo hacer. Esto continúa con la lucha internacional –la gente de los movimientos de solidaridad que van a los territorios ocupados y resisten alertas en su lugar, los profesores que firman solicitadas de boicot, sometiéndose al acoso cotidiano, algunos periodistas con coraje que insisten en reportar la verdad, enfrentando presiones de la prensa condescendiente y el lobby pro-israelí. A veces pelear por justicia parece en vano. Sin embargo, se logra penetrar en la conciencia global. La causa palestina puede ser silenciada por el momento, como sucede ahora, pero va a resurgir.
Mi objetivo es contribuir a esta lucha. En el último capítulo, hago mención a la lucha en el interior de Israel/Palestina. Los palestinos de alrededor del muro luchan para salvar sus tierras. Están armados únicamente con ese espíritu maravilloso de un pueblo que ha permanecido en su tierra generación tras generación, han resistido frente a una de las maquinarias de guerra más brutales del mundo. En estos últimos tres años ha ocurrido algo formidable, israelíes se suman a la lucha palestina. Estamos presenciando una lucha conjunta, israelopalestina, por primera vez en la historia de la ocupación.
Como israelí considero que esta lucha también brinda esperanza a los israelíes. La política actual no sólo atenta contra los palestinos sino también amenaza a los propios israelíes. A largo plazo, esta guerra por el territorio es suicida. Un pequeño estado judío con 7 millones de habitantes (5,5 millones de judíos), rodeado por 200 millones de árabes, que se convierte asimismo en el enemigo de todo el mundo musulmán. No existe garantía de supervivencia para dicho estado. Salvar al pueblo palestino significa salvar también a Israel.
notas:
* Verso, Londres, 2006.
1 V. Johannes Wahlström, “¿Libertad de expresión o de lobby?”, futuros nº 9, invierno 2006.
artículo publicado en Revista futuros nº10 / Río de la Plata otoño 2007



























