Lo bueno no es efímero. Y este texto, que tiene casi diez años conserva una vigencia política que sólo las referencias a la entonces inminente Cumbre de Río 92 desmienten. Las cuestiones que V. Shiva recorre tienen una validez por momentos sobrecogedora. En todo caso, solo podemos observar que la situación ha empeorado, como pasa con el abandono de la regulación del dióxido de carbono por parte de las autoridades de EE.UU. arrojando por la borda la costosísima media docena de conferencias mundiales de cambio climático que se han sucedido infructuosamente durante los últimos años. Se sustituyeron pasajes confusos de la edición anterior o referencias obsoletas por puntos suspensivos entre corchetes.
La «globalización» de la crisis ambiental es un arma del Norte para controlar el acceso a los recursos naturales y materias primas mundiales, forzando a compartir costos ambientales que el mismo Norte ha generado, y reteniendo así el monopolio de los beneficios usurpados por el desastre ecológico.El movimiento verde nació a partir de la conciencia y esfuerzos locales por resistir el daño ecológico. La crisis de deforestación del Himalaya fue una preocupación inicialmente planteada por las campesinas locales de Garhwa. La crisis de los peligros tóxicos en Love Canal se manifestó en primera instancia por los residentes afectados.
Durante las […] últimas décadas, [hemos empezado a] reconocer que las mayores amenazas ambientales eran causadas por instituciones mundialmente poderosas; las corporaciones multinacionales y los bancos de desarrollo multilateral, como el Banco Mundial, que extiende su influencia a todas las ciudades, pueblos, campos y bosques a través de sus operaciones a escala mundial.
En los […] últimos años […], décadas del movimiento verde están siendo borradas. Lo local ha desaparecido de la preocupación ambiental. De pronto parece que sólo existen problemas ambientales globales y su solución, se da por entendido, puede ser solamente global. Miremos más de cerca qué está detrás del concepto de lo global y qué proyecta, cómo estructura sus relaciones de poder alrededor de los temas ambientales, y cómo transforma la crisis ambiental, desde una razón para la transformación en una razón para fortalecer el status quo.
Lo global como lo local globalizado
Al contrario de lo que el término sugiere, lo global, como se perfila en las discusiones y debates en torno a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), no hace referencia al humanismo universal ni a una conciencia plena. La vida de todas las personas, incluyendo a los pobres del Tercer Mundo, o la vida del planeta, no están en el centro de las preocupaciones en las negociaciones internacionales de los temas ambientales globales.
Lo global en el discurso dominante, es el espacio político en el cual lo dominante local busca el control global y se escapa del control local, nacional y global. Lo global no representa los intereses humanos universales, representa un interés local particular y parroquial que ha sido universalizado a través de su expansión y control.
El G7, grupo de los siete estados más poderosos, determina los asuntos globales pero son mezquinos, locales y parroquiales en los intereses que los guían. El Banco Mundial no es realmente un banco que sirva a los intereses de todas las comunidades del mundo. Es un banco en el que las decisiones son ponderadas por el poder económico y político de los donantes, y en esta toma de decisiones, las comunidades que pagan el precio real y son los donantes reales […] no tienen voz ni voto.
Lo global, hoy, refleja una versión moderna de la expansión global de los mercados británicos, aventureros que asaltaron y robaron a manos llenas, grandes partes del globo, como la East Indian Co. y que en ese momento se convirtieron en el Imperio Británico.
En los pasados quinientos años de colonialismo en todas las partes en que esta expansión global fue amenazada por la resistencia, el lenguaje de la resistencia fue cooptado, redefinido y usado para legitimar el control futuro.
El movimiento independentista en contra del colonialismo ha revelado la pobreza y enajenación causadas por los drenajes económicos desde las colonias hacia los centros de poder. El orden mundial de posguerra, que vio el surgimiento de estados políticos independientes en el Sur, también vio el surgimiento de las instituciones tipo Bretton Woods, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que se apropiaron del lenguaje del subdesarrollo y la pobreza, eliminaron su historia e hicieron de ellas mismas la razón para una nueva atadura, basada en el financiamiento del desarrollo y los problemas de la deuda.
El movimiento ecologista reveló los costos ambientales y sociales generados por el mal desarrollo concebido y financiado por agencias como el Banco Mundial. Sin embargo, el lenguaje ambientalista se está convirtiendo en el instrumento para reforzar instituciones globales, como el BM, incrementando sus expansiones globales.
Además de la legitimación derivada de la cooptación de dicho lenguaje, está la legitimación que viene dada por la falsa noción de que lo local globalizado es una forma de jerarquía geográfica y democráticamente más amplia y que las jerarquías de orden menor deben ser de algún modo tributarias de aquéllas.
El caso de la India y la expansión de las represas
La efectivización de los proyectos de desarrollo no democráticos se sustentó en una noción similarmente falsa del «interés nacional». Los intereses locales se sintieron moralmente empujados a sacrificios en aras de lo que parecía un interés superior. Ésta es la actitud con la cual en la India recientemente independizada cada comunidad se retiró de sus asentamientos para dar paso a grandes represas.No fue sino durante la década de los ochenta cuando los diferentes intereses locales se conocieron, se dieron cuenta que aquello que estaba siendo protegido como «interés nacional» eran los intereses electorales de un puñado de políticos financiados por un puñado de contratistas […]. En contra de ese estrecho y egoísta interés que había sido elevado al status de «interés nacional», se inició la batalla colectiva de las comunidades involucradas en la resistencia contra las grandes represas y empezó a emerger el interés nacional real aunque subyugado.
De igual modo, el Plan de Acción de la Selva Tropical de la ONU (TFAP) se proyectó como reflejo de la preocupación internacional por las selvas tropicales. Sin embargo, cuando los movimientos por la selva formaron una coalición de carácter mundial, el Movimiento Mundial por las Selvas Tropicales (World Rainforest Movement) se vio claro que la TFAP reflejaba un mezquino interés comercial del BM e intereses empresarios forestales transnacionales como los de la Shell y la Jaako Poyry, y la comunidad global, mejor equipada para salvar las selvas tropicales resultaron ser los predadores mismos de esas selvas y de las comunidades humanas que dependen de ellas.
«Medio ambiente global» o «imperialismo verde»
En lugar de ampliar la acción y preocupación ambientales, la reciente aparición de los problemas «globales» del medio ambiente, de hecho, ha reducido la agenda.Las múltiples inquietudes ambientales que surgieron a partir de las organizaciones de base, incluyendo la crisis de la selva tropical, la del agua, los peligros de los desechos tóxicos y nucleares, etcétera, han sido marginadas. Así, las instalaciones del Medio Ambiente Global (GEF; Global Environment Facilities) establecidas en el BM se dirigieron sólo a cuatro asuntos del área ambiental:
1. reducción de emisión de gases de efecto invernadero;
2. protección de la biodiversidad,
3. reducción de la contaminación de aguas internacionales;
4. reducción del daño a la capa de ozono.
La exclusión de la agenda global de otras preocupaciones es artificial ya que, por ejemplo, las industrias química y nuclear son industrias que operan globalmente y los problemas que generan en cada situación local están relacionados con sus expansiones globales.
Los modos en que se han estructurado los «problemas globales del medio ambiente» esconden el papel y las responsabilidades de los globalizadores locales, en la destrucción del ambiente. Aquella estructuración se convierte en una herramienta política para liberar de toda responsabilidad a las fuerzas destructivas dominantes que operan a escala mundial, y para trasladar la culpa y responsabilidad de toda destrucción a las comunidades locales.
Consideremos el caso de la pérdida de ozono, los CFCs (clorofluorocarbonos), que son causa primaria de la desaparición del ozono, que son manufacturados por un puñado de transnacionales como la Dupont, con plantas específicamente identificables. El mecanismo racional para controlar la producción de CFCs es controlar las plantas de Dupont.
El hecho de que sustancias como los CFCs sean producidos por compañías particulares está totalmente eclipsado cuando la pérdida de ozono es asumida como un problema ambiental «global». Dupont se libera así de los cargos y el problema se endosa al uso futuro de refrigeradores y acondicionadores de aire por parte de millones de personas de China e India.
Por medio de un cambio del presente a lo futuro, el Norte gana un nuevo espacio para controlar al Sur. Lo global crea, así, la base moral para el imperialismo verde.
También crea la base económica, ya que a través de las convenciones y protocolos, el problema es reducido a transferencia de tecnología y ayuda. La Dupont entonces se convierte en esencial para el problema que ha creado, ya que ha patentado los sustitutos para los CFCs, para los que debe encontrarse un mercado. Los recursos financieros que van al Fondo del Acuerdo de Montreal, para transferencia de tecnología son en efecto subsidios para la Dupont, no para el Tercer Mundo.
La biodiversidad es otra área en la que el control se ha trasladado desde el Sur hacia el Norte a través de su identificación como «problema global». Como en el caso del ozono, la erosión de la biodiversidad ha ocupado un lugar a causa de la destrucción de áreas ricas en biodiversidad, sustituidas por represas, minas y carreteras financiadas por el BM para ayudar a las corporaciones transnacionales (CTNs) y por la sustitución de la agricultura y la silvicultura basada en la diversidad por monocultivos de maíz, arroz y plantaciones de eucaliptos de la «revolución verde», también financiados y planificados por el BM para crear mercados para las semillas e industrias químicas.
El paso más importante para la conservación de la biodiversidad es controlar la destrucción de ésta planificada por el BM. En vez de esto, al tratar la biodiversidad como un recurso global, el BM emerge como un protector de la biodiversidad a través de la GEF y el Norte reclama libre acceso a la biodiversidad del Sur, a través de la Convención sobre biodiversidad.
Sin embargo, la biodiversidad es un recurso sobre el cual las comunidades y naciones locales tienen derechos soberanos. La globalización, entonces, se convierte en un medio para poner bajo control el acceso a los recursos biológicos del Sur, genéticamente rico, en manos del Norte, genéticamente pobre.
El «medio ambiente global», entonces, surge como un arma del Norte para ganar acceso a los recursos naturales y las materias primas por una parte y por otra, para forzar a compartir mundialmente los costos ambientales que ha generado mientras mantiene el monopolio sobre los beneficios de la destrucción.
El lema para el Norte en la CNUMAD y las otras negociaciones globales parece ser: «Lo que es tuyo es mío, lo que es mío es mío.»
La visión desequilibrada de un futuro común es facilitada por la idea de lo «global». La construcción de un ambiente global estrecha la opción para el Sur mientras la amplía para el Norte. Por medio de su expansión global, el Norte existe en el Sur. El Sur, sin embargo, solo existe dentro de sí mismo ya que no tiene expansión global. Así, el Sur puede existir sólo localmente mientras que sólo el Norte existe globalmente.
Las soluciones para los problemas ambientales globales sólo pueden venir desde lo global, esto es desde el Norte. Como el Norte es rico en tecnología industrial y capital, su aporte a los problemas se reduce a la moneda que él domina. El problema de la ecología se transforma en un problema de transferencia de tecnología y finanzas.
Lo que se deduce del análisis, es que esta suposición de que el Sur necesita tecnología y recursos financieros del Norte es una de las causas principales de la crisis ambiental y una razón importante del drenaje de recursos desde el Sur al Norte. Mientras los gobiernos del Sur demandan nuevas y adicionales fuentes de recursos para el medio ambiente, ignoran la transferencia de capital de 50 mil millones de dólares anuales [este importe sí hay que actualizarlo, triplicándolo o cuadruplicándolo] desde el empobrecido Sur al opulento Norte.
El antiguo orden no se cambia a través de las discusiones del medio ambiente. Se arraiga más.
El problema de falsa causalidad
Habiendo examinado el rol de lo globalizado local en la destrucción local globalizada del ambiente, las múltiples facetas de destrucción son tomadas como causas locales de problemas con impacto global. Entre los muchos impactos del maldesarrollo y el colonialismo, que han acaecido simultáneamente están: el aumento de la pobreza, la degradación ambiental, el crecimiento de la población, la polarización y los conflictos entre géneros, y las comunidades étnicas.La explotación, destrucción y extracción del excedente de recursos ha dejado a la gente sin su sustento. Sin acceso a los recursos para sobrevivir, los pobres han sido forzados a generar su seguridad económica a través de familias extensas. El colapso de la cohesión social y la estabilidad económica ha creado las condiciones para el conflicto étnico.
La falsa causalidad es usada como una explicación para conexiones falsas. Así, algunos documentos de la CNUMAD han llegado al extremo de señalar al crecimiento de la población como causa del explosivo crecimiento de los compuestos químico peligrosos. Un problema provocado por una industria química irresponsable es convertido en un problema provocado por la tasa de fertilidad en los países pobres del Sur. El ciclón de 1991 en Bangladesh se ligó causalmente al número de niños en Bangladesh.
Lo «global» no es planetario
La imagen del planeta Tierra utilizada como una ilustración en el discurso de la ecología global, esconde el hecho de que lo éticamente global como construcción no simboliza la conciencia planetaria. La expansión global de intereses mezquinos y estrechos no utiliza la ética de Gaia, planetaria.De hecho, elimina al planeta y a los pueblos concretos de la conciencia y pone las instituciones globales en su lugar. El planeta es invocado por las instituciones más rapaces y glotonas, para destruir y matar las culturas que usan la conciencia planetaria para guiar sus acciones diarias.
La mujer sencilla de la India que venera las plantas «tulsi», venera lo cósmico simbolizado en la planta. Los campesinos que ven las semillas como sagradas, ven en ellas la conexión con el universo. Las categorías reflexivas armonizan el balance desde los planetas a las plantas y los pueblos.
En la mayoría de las culturas tradicionales sustentables, lo pequeño y lo grande han sido conectados para limitar y restringir las responsabilidades que son siempre transparentes y no pueden ser externalizadas. Lo grande existe en lo pequeño y por lo tanto, no tiene sólo implicaciones globales sino también cósmicas.
El pisar suavemente la tierra se convierte en una forma natural de ser. Las demandas en la conciencia planetaria son hechas en el yo, no en otros.
La estructura moral de la expansión global es lo opuesto. No hay relaciones recíprocas. El G-7 puede demandar una convención forestal que imponga obligaciones internacionales al Tercer Mundo para plantar árboles. Sin embargo, el Tercer Mundo no puede obligar a los países industrializados a una reducción en el uso de combustibles fósiles y energía.
Todas las demandas son dirigidas hacia afuera y en un solo sentido: Norte a Sur. Según el modelo en que ha sido estructurado lo global, el Norte, como lo local universalizado, tiene todos los derechos y ninguna responsabilidad y el Sur, no tiene derechos, sólo responsabilidades.
La «ecología global» a esta altura, se transforma en la moralización de la inmoralidad. Está vacía de toda ética para la vida planetaria. No está basada en conceptos de hermandad universal sino en conceptos de prepotencia universal.
Democratizar las instituciones globales
Crear nuevos mecanismos para responder a la crisis ecológica mundial es unos de los temas de la agenda de la CNUMAD. Problematizar lo «global» a través de la articulación colectiva de los intereses y preocupaciones locales y de la intervención creativa en los conflictos entre lo mundial y lo local tal como van surgiendo.El siguiente paso es democratizar lo «global». Ya que lo que existe como «lo global» no es un destilado de todas las preocupaciones locales y nacionales a través de todo el mundo sino la imposición de los intereses egoístas de un puñado de naciones a escala mundial, la democratización de los intereses internacionales es esencial si se desea que la genuina democracia exista tanto local como nacionalmente.
Las raíces de la crisis ambiental radican en la enajenación de los derechos de las comunidades locales a tener voz y voto en las decisiones ambientales. La reversión del deterioro ambiental implica el fortalecimiento de los derechos locales.
Cada comunidad local, munida de derechos y obligaciones, constituye la base de un nuevo orden global para el cuidado del ambiente.
Sin embargo, la tendencia actual en las discusiones y negociaciones globales, es llevar los derechos hacia la más alta centralización no-local, en agencias como el BM.
El multilateralismo en la instalación de la democracia debe significar una expansión lateral en la toma de decisiones, basadas en la protección de los derechos de las comunidades locales y la institucionalización de los derechos en donde hayan sido atropellados. Dos cimientos básicos de los derechos ambientales locales incluyen:
a) el derecho a la información;
b) el derecho al consentimiento previo: cualquier actividad en el ambiente local debe contar con el consentimiento de la población local.
Basar un orden medioambiental en los derechos locales globalmente institucionalizados evita también el asunto de la representatividad y el terrible enredo de las ONGs internacionales que «seleccionan» ONGs nacionales para que «seleccionen» ONGs locales para representar al «pueblo» en las negociaciones globales.
Lo «global» debe tornarse hacia lo local, ya que lo local existe con la naturaleza, mientras que lo «global» existe sólo en las oficinas del BM, del FMI y en las casas matrices de las corporaciones transnacionales. Lo local está en todas partes. El espacio ecológico de la ecología mundial es la integración de todos los espacios locales. Lo «global» es un espacio político, no un espacio ecológico.
Institucionalmente, no debemos preocuparnos acerca de cómo hacer que la última tribu se siente en el BM en Washington a tomar decisiones. Lo que necesitamos asegurar es que ninguna decisión del BM sea tomada sin su consentimiento previo y consciente.
Para que lo local como global y lo global como local existan de un modo distinto al del orden imperialista de los últimos 500 años, es necesario ese proceso de democratización. La categoría imperialista de lo global es el debilitamiento de los poderes locales. Su poder coercitivo surge de sobrepasar los límites de las fuerzas de dominación y destrucción, y de imponer restricciones a las fuerzas de conservación.
La categoría ecológica de lo mundial corresponde a un fortalecimiento del poder local, ya que dota a cada acto, a cada entidad, con la grandeza de lo cósmico y lo planetario y les da significado. También lo fortalece porque precisamente al incorporarle lo planetario crea las condiciones para la autonomía y el control local.
La Cumbre de la Tierra en junio de 1992 será un error si no crea las condiciones de una democracia planetaria. Una democracia de la Tierra no puede llegar a ser un hecho real con el dominio global de estructuras no democráticas. No puede llevarse a efecto sobre la base de un antropomorfismo que excluye los derechos de la naturaleza no humana. Tampoco, si la supervivencia del planeta niega el derecho de la supervivencia de aquellos que son pobres y marginados hoy, por haber soportado el peso de siglos de opresión.
Vandana Shiva
artículo publicado en Revista futuros nº2 / Río de la Plata



























