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Somalía: nos mienten sobre los piratas *

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¿Quién podría imaginar que, en 2009, los gobiernos del mundo declararían una nueva guerra a los piratas? Mientras está leyendo esto, la Marina británica –apoyada por los buques de más de dos docenas de naciones, desde los Estados Unidos hasta China– se está internando en aguas de Somalia para perseguir a hombres que todavía imaginamos como villanos de circo con un loro en el hombro.

Pronto estarán luchando contra buques somalíes y hasta persiguiendo a los piratas en tierras de Somalia, uno de los países más rotos de la tierra. Pero detrás de la extravagancia de este cuento, hay un escándalo por contar. La gente que nuestros gobiernos etiquetan como "una de las grandes amenazas de nuestros tiempos" tiene una historia extraordinaria que contar - y no poca justicia de su parte.

Los piratas nunca han sido exactamente lo que creemos que son. En la "edad dorada de la piratería" –desde 1650 hasta 1730– la idea del pirata como el ladrón salvaje e insensato que perdura hasta nuestros días fue creada por el gobierno británico en un gran esfuerzo propagandístico. Mucha gente corriente creía que esto era falso: con frecuencia la muchedumbre los rescataba de la horca. ¿Por qué? ¿Qué vieron entonces que nosotros no vemos ahora? En su libro Villains of all nations (Villanos de todas las naciones), el historiador Marcus Rediker escudriña las pruebas para averiguarlo. Entonces, si te alistabas en la Marina mercante o en la Marina británica –reclutado en los muelles de Londres, joven y hambriento– terminabas en un infierno flotante de madera. Trabajas a todas horas en un buque estrecho y medio muerto de hambre, y si remoloneabas, el todopoderoso capitán te azotaba. Si remoloneabas constantemente, te podrían tirar por la borda. Y después de meses o años soportando esto, a veces te timaban en la paga.

Los piratas fueron los primeros en rebelarse contra este mundo. Se amotinaron contra sus capitanes tiránicos –y crearon un modo distinto de trabajar en la mar–. Una vez tomado un buque, los piratas elegían a su capitán, y tomaban decisiones colectivamente.
Compartían el botín […] acogían a africanos esclavizados y convivían con ellos como iguales. Los piratas demostraron "de forma bastante clara y subversiva que no hacía falta llevar el buque en la manera opresiva y brutal que lo hacían la Marina mercante y la Marina británica". Es por esto que eran populares, a pesar de ser ladrones improductivos.

Las palabras de un pirata de esa edad perdida –un joven británico llamado William Scott– deberían tener eco en esta nueva edad de piratería. Justo antes de que lo ahorcaran en Charleston, Carolina del Sur, dijo: "Lo que hice fue para no perecer. Fui obligado a hacerme pirata para sobrevivir".

En 1991, cayó el gobierno de Somalia, situada en el Cuerno de África. Sus nueve millones de habitantes han estado al borde de morirse de hambre desde entonces, y muchas fuerzas del mundo occidental han visto esto como una estupenda oportunidad para robar las provisiones de comida del país y verter nuestros residuos nucleares en sus mares.
Sí: residuos nucleares. En cuanto colapsó el gobierno, empezaron a llegar misteriosamente buques europeos a la costa de Somalia, vertiendo enormes barriles en el océano. La población de la costa empezó a enfermar.

Al principio, padecieron extrañas erupciones, náuseas, y nacieron niños malformados. Entonces, después del tsunami de 2004, cientos de estos barriles vertidos y con fugas terminaron en la orilla. La gente empezó a enfermar de la radiación, y cientos de personas murieron. Ahmedu Uld-Abdallah, el enviado de la ONU a Somalia, declara: "Alguien está vertiendo material nuclear aquí. También hay metales y materiales pesados, o sea, de todo." Se puede seguir sus rastros hasta los hospitales y las fábricas europeos, se entrega a la mafia italiana para que ésta se deshaga de ello de la manera menos costosa. Cuando pregunté a Uld-Abdallah qué hacían los gobiernos italianos para combatir esto, dijo con un suspiro:
"Nada. Ni se ha limpiado, ni ha habido compensación ni prevención."
Al mismo tiempo, otros buques europeos han estado saqueando los mares somalíes de su mayor recurso: el marisco. “Hemos destruido nuestras propias existencias de pesca por sobreexplotación y ahora queremos las suyas.” Enormes palangreros roban cada año más de 300 millones de dólares en atún, gambas, langosta, etcétera, internándose ilegalmente en los mares desprotegidos de Somalia. Los pescadores locales han perdido así su sustento, se están muriendo de hambre. Mohammed Hussein, un pescador de la ciudad de Marka, a unos cien km de Mogadishu, declaró a Reuters: "Si no se hace nada, pronto no quedará pesca en las aguas de nuestra costa".**

Éste es el contexto en el que han surgido los hombres que “el mundo occidental” llama "piratas".
Todos están de acuerdo en que eran pescadores corrientes somalíes que primero intentaron disuadir con lanchas veloces a los que vertían residuos desde los palangreros o por lo menos cobrarles un tributo. Se llaman a sí mismos Guardacostas Voluntarios de Somalia y no es difícil entender porqué. Durante una entrevista telefónica surrealista, uno de ellos, Sugule Ali, dijo que su propósito era: "parar la pesca ilegal y los vertidos en nuestras aguas... no nos consideramos bandidos de los mares. Los bandidos son aquellos que pescan, vierten residuos y llevan armas en nuestros mares." William Scott habría entendido estas palabras.

Esto no justifica la toma de rehenes, y sí, algunos son evidentemente gángsteres, especialmente aquellos que han retenido suministros del Programa Mundial de Alimentos.
Pero por algo los "piratas" tienen el apoyo abrumador de la población local. El sitio web de noticias independiente somalí WardherNews encuestó a la población local sobre su opinión en el tema: un 70 % "apoya ‘la piratería’ como forma de defensa nacional de las aguas territoriales del país". Durante la Guerra de Independencia de EE.UU., George Washington y otros “padres fundadores” pagaron a piratas para proteger las aguas territoriales de su país porque no tenían marina ni guardacostas propios. La mayoría de los estadounidenses los apoyaron. ¿Es esto tan diferente?

¿Esperábamos acaso que los somalíes hambrientos nos mirasen pasivamente desde sus playas o mares en medio de nuestros residuos nucleares mientras les robábamos sus peces para comerlos en los restaurantes de Londres, París y Roma? No actuamos cuando se cometían estos crímenes, pero cuando algunos pescadores responden interrumpiendo el paso de tránsito del 20 % del suministro de petróleo mundial, empezamos a gritar sobre la "maldad". Si de verdad queremos ocuparnos de la piratería, necesitamos erradicar su causa –nuestros crímenes– antes de mandar las cañoneras para erradicar a “criminales somalíes”.

La guerra contra la piratería –también ésta de 2009– fue resumida por otro pirata que vivió y murió en el cuarto siglo antes de Cristo. Se lo capturó y llevó ante Alejandro Magno, que quiso saber "qué quería decir con guardar el mar". El pirata sonrió y respondió: "Lo mismo que quiere decir usted con apoderarse de toda la tierra; pero como lo hago con un barco insignificante, soy un ladrón, mientras que a usted., que lo hace con una gran flota, lo llaman emperador."
Una vez más, grandes flotas imperiales navegan hoy – pero, ¿quién es el ladrón?

Johann Hari

notas:

* Nota publicada originalmente en el Centro para investigación sobre la globalización Global Research, de Canadá, publicada por Rebelión con traducción de Christine Lewis Carroll. Fuente para futuros: COMCOSUR, Montevideo, 1/4/2009.
** Una costa de unos 2 000 km. de largo si consideramos Somalia y Somalilandia, una ruptura jurisdiccional reciente que nos retrotrae a los territorios coloniales italiano e inglés respectivamente (n. del ed.).

artículo publicado en revista futuros nº13 / Río de la Plata verano 2009-2010

 

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