Fragmento del libro de Euclides Mance editado por Voces, San Pablo, 2000.
...Desde el punto de vista económico, se trata de la difusión del consumo y trabajo solidarios. El consumo solidario significa seleccionar los bienes de consumo o servicios que atiendan nuestras necesidades y deseos, procurando no solamente realizar nuestro libre «buenvivir» personal, sino también promover el «buenvivir» de los trabajadores que elaboran dichos productos o servicios, así como el equilibrio de los ecosistemas. De hecho, cuando consumimos un producto en cuya elaboración se explotó a seres humanos y se perjudicó al ecosistema, nosotros somos corresponsables en la explotación de aquellas personas y en el daño al equilibrio ecológico, pues con nuestro acto de compra contribuimos a que los responsables de esa opresión puedan convertir esas mercaderías adquiridas por nosotros en capital que será reinvertido de igual modo, reproduciendo las mismas prácticas socialmente injustas y dañinas ecológicamente.
El acto de consumo, por lo tanto, no es solamente económico, sino también ético y político. Se trata de un ejercicio de poder mediante el cual podemos, o bien apoyar efectivamente la explotación de seres humanos, la destrucción progresiva del planeta, la concentración de riquezas y la exclusión social o contraponernos a ese modo lesivo de producción, promoviendo, a través de la práctica del consumo solidario, la ampliación de las libertades públicas y privadas, la desconcentración de la riqueza y el desarrollo ecológico y socialmente sustentable. Al seleccionar y consumir productos identificados por las marcas de las redes solidarias contribuimos a que el proceso productivo solidario encuentre su fin y que el valor por nosotros invertido en tal consumo pueda realimentar la producción solidaria en función del «buenvivir» de todos los que integran las redes de productores y consumidores.
La labor solidaria significa que, más allá de los aspectos referentes a la autogestión y corresponsabilidad social de los trabajadores, el excedente del proceso productivo - el cual bajo la lógica capitalista es acumulado por grupos cada vez menores - sea reinvertido solidariamente en el financiamiento de otros emprendimientos productivos, permitiendo integrar a las actividades de trabajo y consumo a aquellos que hoy son excluidos por el capital, ampliar la oferta de bienes y servicios solidarios y expandir las redes de productores y consumidores, mejorando las condiciones de vida de todos los que adhieren a la producción y al consumo solidarios.
Así, con los excedentes generados en los emprendimientos solidarios pueden organizarse nuevos emprendimientos productivos que creen oportunidades de trabajo para desempleados, proporcionándoles un rendimiento estable que se convierte, gracias al consumo solidario practicado por ellos mismos, en un aumento del consumo final de productos de la propia red, generándose así más excedentes a ser invertidos. Los nuevos emprendimientos a organizarse tienen como finalidad producir aquello que todavía es adquirido en el mercado capitalista por los miembros de la red, ya se trate de bienes y servicios para consumo final o de insumos, materiales de mantenimiento y otros bienes demandados en el proceso productivo.
Este recurso - acompañado de una crítica de los patrones capitalistas de producción y consumo, ecológicamente insustentables - procura corregir los flujos de valor, a fin de que el consumo final y el consumo productivo no desemboquen en la acumulación privada fuera de las redes, pero sí puedan realimentar en ellas la producción y el consumo solidarios, completando así los segmentos de las cadenas productivas sobre los cuales las redes no tengan aún autonomía.




















