Revista Futuros

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Cuando la periferia se desmoronó en Bam*

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Nos levantamos antes del amanecer, antes de que el calor se hiciera insoportable. En las horas en que el aire todavía está fresco. Somnolientos todavía nos sentamos atrás y el auto arrancó hacia el desierto. Praderas pedregosas, dunas, montañas desnudas a lo largo de un camino de horas y horas.

Antes de entrar en la ciudad viejas comimos algunas tostadas con café. Alrededor nuestro, en las casas emplazadas entre los cultivos de dátiles, la vida tomaba su ritmo, en este lugar cuya presencia en la historia era tan significativa. Algunos muchachos pasaban en bicicleta. Una madre se apresuraba con un niño tomado de la mano. Tomamos nuestras cámaras fotográficas y cruzamos los portones de la ciudad entrando en la ciudad de barro que allí existía desde tiempos remotos, de cuando El Camino de la Seda.

Entonces, Bam era un nudo de comunicación entre el este y el oeste, y allí estaba todavía en pie, con sus paredes tan lisas como siempre, con las formas edilicias suavemente redondeadas, con la calle hacia la torre del fortín, tan embriagadoramente hermosa como lo había sido por miles de años. Camino arriba nos topamos con dos trabajadores. Cubiertos de polvo blanco, arrastraban a sus asnos camino a la torre, por las empinadas cuestas. Llevaban canastos con ladrillos. Los trabajadores dedicaban las jornadas en el calor a transportar barro y paja hasta el milenario centro de la ciudad. Estaban construyendo, reforzando.
Volviendo, nos detuvimos en el valle de los dátiles, donde los árboles cargados de frutos se inclinaban hacia el suelo, le compramos algunos a un vendedor y los comimos refrescándonos con una botella de agua.
Ahora, ese lugar no existe más.

Se siente algo peculiar, doy fe, como cuando uno ve en una película alguien que sale disparando de una ciudad que se desmorona a sus espaldas.
¿Se puede hablar de algo político ante un suceso semejante? Por cierto que la dimensión política está presente en casi todos los asuntos humanos y cuando ahora ya se están desenterrando los últimos cadáveres debajo del barro de Bam y el impacto brutal que este terremoto ha provocado se va enfriando, puede uno empezar a plantearse alguna reflexión, aunque sea polémica. El terremoto en el desierto del sur iraní fue medido en la escala de Richter como de 6,3. Pocas semanas antes, California fue sacudida por otro terremoto, que medido en la misma escala, fue de 6,5. En Bam murieron más de 50 000 seres humanos; en California, tres.

Entre tales cifras se esconde una política, terrible, que golpea en el actual debate político. En el último número, temático, de Interventions – International Review of Postcolonial Studies, Crystal Bartolovich arremete contra la biblia izquierdista de la actualidad: Imperio, de Negri y Hardt. Una de sus tesis fundamentales es que ya no sirve pensar en términos de centro y periferia, porque ya no son discernibles, separables. La frontera entre ellos se ha ido esfumando, puesto que hoy en día encontramos al “Primer Mundo en el tercero y al Tercer Mundo en el primero”; los tugurios y los distritos bancarios, los salarios para esclavos y los privilegios y bonificaciones de los empleados más destacados conviven tanto en Hong Kong, como en París, tanto en Nueva York como en Manila. El desarrollo desparejo no tiene ya limitaciones geográficas.

Bartolovich es impiadosamente sencillo en su crítica. Está indignado y con razón: en rigor, el consumo está desparejamente distribuido en las diversas partes del mundo: el 86 % del consumo total lo hace el 20% de toda la población. Que vive en muy determinados lugares. Donde tienen posibilidad de acceso a más de todo lo que les posibilita una buena vida; alimentos, ropas, juguetes, equipamiento, libros, autos y viviendas, todas cosas muy elementales para entender, cosas que todos nosotros tenemos en nuestras propias vidas y que alcanzan y sobran para aniquilar la tesis de Negri y Hardt. Porque el altísimo nivel de consumo de algunas regiones planetarias está en función del bajo nivel de consumo de otras, muy determinadas regiones planetarias.

Bartolovich pone ejemplos clarísimos, como el mismísmo fundamento del bienestar de una economía industrial: el petróleo. En EE.UU. vive el 5% de la humanidad, pero consumen el 20% del petróleo planetario. “El estilo de vida de los estadounidenses no se puede generalizar en su forma actual; no hay forma de que cada vigésimo de la humanidad pueda usar un quinto del petróleo del mundo. El capital crea escasez de la opulencia a través de un reparto criminalmente desparejo, una  falta de equidad que favorece a determinados grupos y a veces a pueblos enteros.” Algunos países se han puesto en un nicho, en un espacio de necesidades donde los restantes no pueden acceder, y donde pueden permanencer sólo si los restantes son mantenidos en la condición de subalternos.
Las estadísticas muestran que las diferencias geográficas en lo que tiene que ver con niveles de consumo, se agrandan, se profundizan.

Si dibujáramos un mapa, veríamos flechas muy gruesas de dividendos, materias primas y otros tipos de recursos que afluyen a un ritmo muy fuerte y en un solo sentido, de un grupo de países a otro.
Apreciar estos fenómenos es el ABC de la crítica política y social, pero por lo visto algunos sectores de la izquierda se han empeñado en disolver hasta el orden del abecedario...
Hay un límite entre el centro y la periferia. Esa frontera no pierde su vigencia por el hecho de que haya islotes de riqueza también en la periferia, algo que por otra parte, siempre hubo, del mismo modo que el cielo no deja de ser celeste sólo porque un par de nubes aparezcan en él. La frontera entre el centro y la periferia pasa por las vidas que viven los seres humanos. Y así como se vive, así se muere.

El terremoto en Bam habría tenido probablemente el mismo resultado en cualquier lugar de la periferia donde hubiese sucedido. Por lo mismo que un temporal en Manila acaba de dejar sin techo a 20 000 personas. Se trata de realidades claras, sencillas que lamentablmente hay que recordárselas a la izquierda: estos muertes masivas de seres humanos son extremas si las comparamos con la invulnerabilidad que gozan otros seres humanos ante los mismos peligros, y esa diferencia proviene de una política, la de mantener tales peligros a raya. Posiciones diversas en la acumulación global del capital; la posibilidad de vivir y el riesgo de morir. Sabemos que plantearlo así, con pocos ejemplos, implica una generalización, pero si uno quiere ser de izquierda, es indecente no reconocer tales diferencias. Crystal Bartolovich, una vez más: “La lucha por la justicia global tiene que convertirse de alguna manera en la lucha para evitar que el estilo de vida de EE.UU. se constituya en una realidad para una minoría y una fantasía para una mayoría.” Semejante lucha no se lleva adelante contra “una idea” o un no-lugar, sino contra un sitio concreto que es habitado por seres humanos que en la realidad de cada día viven de una manera muy especial y bien material (no sólo en EE.UU., sino también en el G7). 1
 
Bartolovich no está solo. Muchos intelectuales de izquierda en el mundo entero han destrozado palmo a palmo casi cada afirmación inteligible de Imperio (ejemplo de ello es la compilación Debating Empire), pero al mismo tiempo una parte de la izquierda sueca –como las revistas Arena y Fronesis2 continúan recitando el libro como si fuera la fuente de la verdad más radical de nuestro tiempo. 3 La realidad contrasta una y otra vez sus tesis, sin embargo. Lo hizo en Iraq, 4  y lo hizo ahora en Bam, porque el centro planetario es una construcción firme pero la periferia es de barro y paja.

Andreas Malm

notas:
* Traducción del sueco y notas al pie: LESF. “När periferin rasade i Bam”, Arbetaren, Estocolmo, no 1-3, 16/104.
1 Nosotros, habitantes de los arrabales planetarios, podríamos agregar también, cada vez más parcialmente, algunos lugares, excelsos y restringidos, en algunas capitales latinoamericanas o en ciudades o balnearios como Venado Tuerto o Cariló en Argentina o Punta del Este en Uruguay, y un etcétera no demasiado largo...
2 Se trata de publicaciones trimestrales o cuatrimestrales, la segunda vinculada con intelectualidad socialdemócrata.
3 Nosotros por aquí, en el Río de la Plata, podemos dejar constancia de similar esnobismo político en algunos sectores.
4 La prueba más clara ha sido el afán de A. Negri de completar su magnum opus con un texto que acometa el comportamiento indisimuladamente imperialista de la élite de poder de EE.UU. (v. Futuros 5, nuestro comentario al reportaje de Dominjanni  a Negri).

Bartolovich, Crystal, “Bush, EE.UU. fortaleza y la política global de consumo”, Interventions – International Review of Postcolonial Studies, no 2, 2003

artículo publicado en Revista futuros nº7 / Río de la Plata primavera- verano 2004-2005
 

 

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