Estamos ante un trabajo inusual. Su autor, un sacerdote católico, vicentino, irlandés aborda un tema de fuerte contenido histórico a partir de desgarradoras cuestiones actuales, como el conflicto palestino-israelí.
Michael Prior (1942-2004).
Buenos Aires, Editorial Canáan, 2005, 300 pp.
Primera edición: The Bible and Colonialism. A Moral Critique, Sheffield Academic Press, 1997.
Lo hace con inusual franqueza explicitando el motivo de su incursión. Cómo haciendo sus estudios bíblicos en Belén, a donde llegó en los ’60, entusiasmadísimo con el experimento israelí y considerando a su estado una fuente de civilización y progreso, empezó a sentir, a través de los vejámenes en la vida cotidiana de las fuerzas del orden del régimen sionista sobre la población palestina que algo no terminaba de “cerrar”. Finalmente se decidió a estudiar un poco de la vida terrena, cotidiana y a saber de la formación del estado israelí. Lo que lo que fue llenando de consternación. El sueño modernista israelí se perdía detrás de una ocupación de tierras más y más colonialista. Y el papel de los árabes primero, “a quienes más tarde aprendí a llamar palestinos” empezó a parecer más y más el de un pueblo sojuzgado e invadido, como tantos otros en el orbe.
Prior aclara en la Introducción: “Antes de mi continuo encuentro con Palestina-Israel absorbí fácilmente los mitos fabricados alrededor del establecimiento del Estado de Israel. Mi benevolente valoración del sionismo se debió al éxito con el que sus ideólogos y los historiógrafos del Estado [de Israel] han ocultado al público las verdaderas intenciones de la empresa sionista.” Es semejante toma de conciencia, que pasa inicialmente por la perplejidad, la duda, y que avanza laboriosa, progresivamente la que lo decide a escribir un libro que procura desentrañar el papel de lo bíblico en el establecimiento del estado israelí, puesto que la ideología sionista antepone mandatos bíblicos a toda su política de asentamiento en la región. Sin embargo, en el prólogo nos confiesa que cuando termina su investigación y las reflexiones, en 1995, sus editores le aclaran: “Nosotros simplemente no podríamos publicar un libro con un título como La Bilia y el sionismo”. Y los editores de la Sheffield le contraproponen un trabajo más amplio, con el mismo tema, la Biblia y la cuestión colonial, analizando más ejemplos, que la historia lamentablemente otorga sin tanta dificultad.
Prior, entonces, más que rehacer su libro, sencillamente lo amplía. Con capítulos destinados a analizar el papel de “los mandatos bíblicos” en la colonización de la América hoy llamada latina y en Sudáfrica, su primera colonización, en el s. XVII, holandesa. Después de explicar cómo construyó su libro, no deja de ser llamativo verificar que cuantitativamente no es tanto el cambio; 160 pp. del cuerpo principal dedicado a Palestina/ Israel, 30 a América “Latina” y 40 a Sudáfrica. Pero cualitativamente se enriquece de modo radical, porque Prior logra establecer algunas regularidades muy llamativas en el uso y abuso de la Biblia.
Curiosamente no registra ni encara el análisis del papel de la Biblia en otra gran empresa colonial, tan devastadora para las poblaciones originarias como las nombradas, pero en cierto sentido más significativa; la de la América sajona.
Prior presenta semejanzas y diferencias entre América Latina, Sudáfrica y Palestina/Israel pasando revista a diversos factores; el “mito de la tierra virgen”; el racismo que legitima resistir (y aplastar) la oposición de los indígenas, es decir forjar “un mito de autodefensa” contra los aborígenes; la evangelización (ausente en la empresa sionista que está en contra de todo proselitismo que alteraría la pureza del “pueblo elegido”); y finalmente el legado, que Prior ubica sobre todo en relación a la política de apartheid y donde registra en todos los casos, como resultado, la humillación de los nativos.
Tan trascendente fue el papel de la Biblia en la colonización sajona norteamericana, que aunque Prior no elabora ninguno de sus didácticos cuadros comparativos con lo acaecido en esa América, en los últimos capítulos –y en general a lo largo de su investigación– recurrirá a varios ejemplos que provienen precisamente de esa ‘colonización bíblica’. Lo cual hace aun más llamativa su ausencia.
Pongamos un ejemplo del propio Prior que da el alcance de su calidad: en p. 28, Prior verifica que muy a menudo se asocia el discurso bíblico con la liberación de un pueblo; “la liberación de la opresión de Egipto, Babilonia, etcétera”. Sin embargo una lectura consistente [sic; en rigor, congruente] del texto bíblico, ¿no exige ver que el Dios liberador del Éxodo se convierte en el Dios opresor de la ocupación de Canaán. El problema es colocado en sus justos términos en forma aguda en el comentario de un norteamericano nativo: “Los personajes obvios con los cuales identificarse son, para los americanos nativos, los cananeos, el pueblo que ya vivía en la tierra prometida… yo leí las historia del Éxodo con ojos cananeos.” (Warrior, 1991, p. 289).
La obra se convirtió en el capolavoro de Prior y constituye un análisis atrevido, erudito, comprometido respecto del colonialismo con apoyo bíblico. Prior reconoce una enorme deuda intelectual para con Keith Whitelam con su investigación de tan expresivo título: The Invention of Ancient Israel: The Silencing of Palestinian History, que apareciera, sin embargo, muy poco antes de finalizar su propio trabajo. Más bien habría que señalar que tanto Prior como Whitelam recogen el acervo de los importantísmos aportes de Edward Said.
“Como los textos bíblicos leídos literalmente han sido explotados a favor de las empresas coloniales.” (cap. 1, p. 18). “El mandamiento de que «Devorarán a todos los pueblos que Yahvé su Dios les está entregando, sin mostrarles ninguna piedad» (Deut. 7:16), se va bajo una nueva luz, cuando uno evoca cómo tales textos fueron utilizados en apoyo del colonialismo en varias regiones y períodos, en las cuales los nativos eran la contraparte de los heteos, los guergeseos y otros. Si no fuera por su procedencia religiosa, tales sentimientos bíblicos se considerarían como incitaciones al odio racial.” (p. 19).
El impresionante apoyo bibliográfico de más de 600 títulos nos permite verificar no sólo la vastedad y profundidad en el tratamiento sino darnos cuenta que la existencia de apenas una docena de nombres ibéricos entre los citados (que incluyen históricos del s. XVI como Las Casas y Sepúlveda) revela el trabajo de Prior, mejor dicho su traducción como una obra pionera en el mundo de habla castellana que debería desafiar a la intelectualidad progresista y civilizatoria en particular.
A propósito de la traducción, y probablemente de la edición, hay que lamentar ciertas imperfecciones, en general anglificaciones, o fallos, pero muy escasos, en la puntuación, que hacen fatigosa la lectura o la llevan a conceptualizaciones erradas; valga como ejemplo el transcripto en una cita más arriba. La presentación, muy cuidada y con mucho apoyo al lector (índice de nombres, bibliografía con datos suficientes, índice general detallado), no llega a desmerecerse por la presencia de algunas erratas también afortunadamente escasas, pero que esperemos no “ver” en reediciones.
artículo publicado en Revista futuros nº10 / Río de la Plata otoño 2007



























